Empiezo a pensar que he debido llamarle la atención al maestro Yoda y es que vuelvo a verle asomarse un momento al final del tunel para, un momento después, volver a intentar sacarme de mis casillas usando su espada laser. Paso. No estoy. Ahhhhhh… No te veo.
Le oigo decir que mido 67 mm. ¡Eso te lo diría yo si me pasases un metro en vez de incordiarme con la varita! ¡Que ya me mido yo! Que estoy todo el día ociosa… No hago mas que comer y dormir, comer y dormir… No voy a crecer… Lo que no sé es cómo no engordo más, porque con lo que nado aquí y nada… Y el pica sin pasar. En cuanto llegue a mi destino gritaré y gritaré y a la sala atronaré, para quejarme del mal viaje que me están dando, leches.
Leches. Las que les daría con toda la mano abierta a más de uno si pudiera salir de aquí, porque ya tengo la mano completa, me veo los dedos… cuando puedo abrir los ojos, que no es siempre que quiero porque esto de no tener unas gafas de pistina adecuadas a este acuoso entorno que me envuelve… cálido… confortable… dormidero…
Volvemos a donde el tío de la varita luminosa. Seguro que es un frikifan de StarWars y por eso lo del manejo del sable laser. Si es que algunos no crecen nunca… no como yo que ¡ya mido 21 mm! En dos semanas he triplicado mi tamaño, y sigo creciendo. ¡Qué se eche a temblar Robert!
Ahora que lo pienso mejor y que me ha bajado un poco el calentón de la emoción me imagino la altura del chico gigante y los problemas que le tuvo que causar y no los quiero. Espero dejar de crecer bastantes centímetros antes.
Hoy hemos ido a ver a un señor con don (que no es lo mismo que un señor condón): el Dr. D. Sobera… o D. Dr. Sobera… ¿o no tenía D.? Bueno, es lo de menos; prosigo. Familia o no del televisivo Carlos Sobera, la primera impresión que me ha causado es de ser un tío majo… hasta que ha empezado a incordiarme con la varita luminosa. Yo, que todavía no tengo ni piernas ni brazos para defenderme (aún mido 7 mm.) no he tenido más remedio que aguantar y esperar a que se cansase. Por suerte -quizás al no ver una defensa activa por mi parte- su jueguecito no ha durado mucho.
Eso sí, si tú me incordias a mí yo sólo puedo defenderme de una manera… lo siento, ama, comienzas con las naúseas.
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