Archivo

Entradas Etiquetadas ‘palomas’

La triste vida de las palomas

Miércoles, 22 de Octubre de 2008 kaferemo Sin comentarios

No quiero ser paloma, no. Que quede claro. No sé si alguien de los que me leéis es el encargado de elegir quién o qué seremos en vidas futuras, si es que existe esa posibilidad. Si es así quiero pedirle, por favor, que no me convierta en paloma; gorrión me vale, hasta cuervo ya que el negro estiliza; pero paloma no, por favor.

Dos son las razones fundamentales para no querer ser rata alada:

  1. los cocodrilos me asustan, lo reconozco.
  2. las palomas no son nada organizadas, cada cual va a lo suyo; por eso no tienen ni agencias de viajes, ni tahonas, ni siquiera tiendas de todo a 1 euro. Es más, de hecho cuando se les ocurre morirse -y como no se les ocurre preparar con antelación su paso al cielo palomil- van y lo hacen en un tejado cualquiera.

Por suerte los gusanos sí son organizados y van allí donde mamá Natura les pide que se gusanicen.

Y no, gusano tampoco quiero ser, gracias. No llegaría ni un día pronto a trabajar… (A ver si va a resultar que soy gusano…)

Hemos declarado la guerra

Sábado, 15 de Septiembre de 2007 kaferemo 2 comentarios

… a las palomas. O quizás hayan sido ellas las que nos la hayan declarado a nosotros. La verdad es que no sé quién empezó todo esto; lo que sí estaba claro era que la victoria parecía estar claramente de su parte. Hasta hace quince días.

¡Y yo que siempre había pensado que no había animal más tonto que las palomas…! Sólo hay que ver cómo, cuando se reunen para darse algún festín, los hábiles gorriones les roban las viandas ¡de sus mismos picos! Sin embargo su servicio de inteligencia funcionaba de miedo, aprovechaban nuestras ausencias de casa para adentrarse en nuestro territorio y dejarnos los desperdicios generados en sus campamentos… vamos, que nos dejaban el balcón lleno de mierda.

¡Ya estamos hartos de recoger la mierda de otros! -dijimos un día, a coro, Begotxu y yo. Y ahí comenzamos a pensar en soluciones.

Las armas de fuego las descartamos en seguida, y es que no nos sobra el sitio en casa para meter yerros desos. Y el desagradeble olor que deja la pólvora quemada… quita, quita, no era una buena solución. Salir al balcón cada media hora golpeando la olla de los garbanzos con un cazo metálico tampoco nos pareció lo más ideal ¿Por qué? Sencillo, porque algunas veces también hacemos garbanzos y el sonido que se produce al golpear la olla llena no es adecuado para espantar.

Nos planteamos que éste nuestro problema (¡ay! tantos capítulos de “Aquí no hay quien viva“) no debía ser único, y buscamos las soluciones que nuestros convecinos habían utilizado para atajarlo.

Hay quien ha puesto bolsas de plástico colgando de persianas, de colgadores… aunque los cds del Fary y de La Pantoja son el producto estrella. Aún así, toda la información que pudimos reunir nos hizo ver que no era la repanocha, que se acostumbraban y volvían a adentrase en el territorio. Y, después de algunas vueltas llegamos a la solución ideal: si a mí -que soy más grande que las palomas, y más fuerte, y con más mala leche- me dan miedo los cocodrilos, sobre todo por sus dientes, a las palomas les tienen que dar más miedo todavía.

Así que hemos puesto unos dientes de cocodrilo bordeando la jardinera del balcón.


Y llevamos dos semanas ya libres de cargas, libres de la pesada carga de salir armados con cepillo de puas duras a rascar los regalitos de nuestras amigas las palomitas.

En realidad la artífice de este invento ha sido Begotxu, pero mi labor no fue de menor importancia… Yo di el visto bueno.

Categories: Sestao Tags: