Campeón de las sardinas
Varias fuimos las sardinas participantes en la III travesía La Benedicta. Al final yo también me animé.
El día amaneció nublado, sin embargo, alegre, me levanté grácilmente de un salto, preparé sin dilación la bolsa y me bajé al paseo de La Benedicta a disfrutar de esta III travesía.
(Supongo que todo depende del color del cristal con que se mira porque, también existe otra lectura de mis actos comentados en el párrafo anterior; lectura que, aunque no corresponde del todo a la verdad, me veo en la necesidad de reflejar aquí. Todo sea por la dichosa conciencia.)
El día amaneció nublado, sí, y mis ganas de bajar las tenía guardadas en la mesilla, sin ninguna intención de sacarlas; sin em
bargo, el codazo de Begotxu en las costillas me animó a levantarme; veloz, por si llegaba un segundo. Ya en el pasillo, y con la legaña aún pegada en el ojo, mi borrosa mirada se encontró con los ojos golositos de la aspiradora, que me dijo: -¿Bailamos? Llevo una semana esperándote.-, pero como no es mi tipo y sabía que iba a insistir me decidí por preparar mis bártulos y marcharme de casa. Qué pesada se pone a veces, oye.
La Bene estaba acabando de ser engalanada por la gente de la asociación Hacia Delante. Y como había bajado con tiempo pensé en calentar… pero rechacé rápidamente esa idea y, apoyando mis codos en la barandilla, me puse a criticar el trabajo de los que se afanaban en limpiar la ría, algo que, aún sin estudiar, se nos da a todos de maravilla.
- ¡Esos palos mejor retirarlos hacia el otro lado!
- ¡Gira, gira ya, que te dejas el bidón flotante!
- ¡Más garbo, por dios, mueve esa escoba con alegría!
Por suerte no me hicieron ningún caso y dejaron el acceso bastante aceptable, por lo menos para el primer recorrido: el popular. Después, a medida que subía la marea los regalos que nos trajo la misma se hicieron más abundantes y transformaron la travesía en una travesía de obstáculos.
Estrellas hubimos muchas allí (sí, abuela, ¿ves como aprendo?); sin embargo, había dos más conocidas que las demás: Virginia Berasategui y David Meca. Ambos totalmente accesibles y agradables. Dos veces me acerqué a cada uno de ellos y tuvieron todo el tiempo del mundo para mí. Es de agradecer. Sin embargo tengo un reproche que hacerle a David Meca y es que con esa manía que tienen las estrellas de brillar, a mí me hizo cerrar los ojos y no pude lucir mis preciosos ojos azul turquesa. Por eso tuve que volver a acercarme, bueno, por eso y porque no todos los días tiene uno la p
osibilidad de retratarse con personas de la altura de David y el tipazo de Virginia… Ya lo he decidido: me voy a hacer triatleta profesional y vivir de ello.
¿El recorrido? 400 m fue lo justo para no perecer en el intento. ¿Que limpiaron el agua? Sí, ya lo he escrito antes, pero lo que quitaron fueron los árboles nadadores y los bidones flotadistas. Lo peor era lo que no se veía hasta que no estabas dentro, hasta que ya era tarde… El agua sabía (y olía) tanto a aceites, pinturas y ga
sóleos que estuve por pegar un trago y aprovecharlo después en el coche; sin embargo, ante el miedo de que las petroleras me denunciasen por competencia desleal cerré la boca y seguí nadando.
En cualquier caso tengo que reconocer que no me ha salido ningún tercer brazo, el tamaño de… mis partes sigue siendo el mismo y lo único en l
o que he notado un cambio es en la piel. Además de tenerla más suave (supongo que por el contacto con los aceites) da un brillo por las noches que nos va a permitir ahorrar una pasta en bombillas. Total, todo positivo. Si, además, contamos con los regalos que tuvimos (bebida, pastelitos, chicles, caramelos, un gorro de piscina y hasta un Chupa Chups hinchable gigante que me
niego a inflar… en público), el trofeo que me gané por todo mi esfuerzo y mi cara bonita, las fotos y los autógrafos con dedicatoria (el éxito que me deseaba David lo conseguí con Virginia… con cariño), puedo decir que ya me ha vuelto a entrar el calentón, esto es, que quiero entrenarme para ser un deportista reconocido mundialmente cuando sea mayor… ¡Ah! No, que mayor ya soy…
P.D. La foto de los regalos muestra todos, pero no todos los que me entregaron sino todos los que llegaron a casa (uno tiene sus debilidades y un estómago muy hablador que no se calla con nada).





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