Previsiones que no se cumplen

03sep10

tumbadoenhamacaSeptiembre es el mes de los buenos propósitos y las intenciones desmesuradas. El sol castigador del verano, el helador aire acondicionado de los hoteles o las paellas en mal estado de los chiringuitos playeros hacen que lleguemos, al final del mes de agosto, con nuestras capacidades mermadas. Y de eso se aprovechan los becarios que se han pasado el verano currando para editoriales y gimnasios; nos ofertan cosas imposibles pero con sabor a melón fresco y color de atardecer en Ibiza y, claro, no nos podemos resistir a caer en la tentación.

De los recién llegados, los más optimistas son capaces de llegar hasta Navidad convencidos de que van a poder mantener, durante todo el curso escolar, las descabelladas responsabilidades adquiridas con uno mismo. A mí me han bastado dos semanas para darme cuenta de que cuando escupo apunto muy alto, pero me suele caer en mi propio ojo. Así, me había planteado 6 días de entrenamiento a la semana pero, hasta ahora, no he sido capaz de hacer más de 4 (en el mejor de los casos); y las dos primeras carreras a las que pretendía ir este septiembre (2 medias) se han quedado para otro mejor momento.

En la próxima entrada escribiré mi plan de entrenamiento; por tener una referencia y para ver si, la próxima vez que escupa, consigo llegar más allá de los dedos del pié.



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