Soy racista
Esta tarde, después de más de 7 años, nos hemos decidido ir a la playa de “La Arena“. Esta playa tiene varias características a tener en cuenta: es el mayor arenal vizcaíno, tiene unas bonitas dunas que merecen un tranquilo paseo, una sorprendente e imponente imagen de Petronor… pero lo más notable -y tiene relación con esto último- es la capacidad que tiene la playa de ponerte moreno en sólo una tarde.
No hay más que mirarme los dedos de los piés para darse cuenta del poder colorífico de la arena de esta playa. Unos pocos metros desde el coche hasta la toalla y, al tumbarme, los tenía como se ven en la foto.
Pero no venía yo a esto. El caso es que poco antes de volvernos a casa estaba sentado en mi toalla disfrutando de unos templados rayos de sol cuando, por el rabillo del ojo, he visto que se acercaba trotando cual asno desbocado un chaval gitano desnudo de unos 9 ó 10 años. En el momento que ha saltado sobre mi toalla (dejando marcado su sucio pié) me he vuelto y le he soltado una hostia en el pecho. No le ha debido gustar porque se ha revuelto y me ha gritado, dulcemente:
- ¡Puto calvo!
Me he quedado, sin más, contemplándole mientras un compañero suyo -que, debido a un peso ligeramente mayor al de su predecesor, llegaba un poco más tarde- aseguraba:
- Es un maleducado… No le hace caso a nadie.
Ahora, ya más calmado, y recapacitando sobre el hecho sólo se me ocurre decir:
- ¡Mierda de gitano!
Es que, por más vueltas que le doy, no se me ocurre otra cosa, oye.
Lo noté cuando me acerqué a llenarme los bolsillos con los lápices que Ikea, gratamente, regala: ¡cabían más! Un concienzudo estudio en casa me permitió encontrar la respuesta a aquella oportuna observación: no era que los bolsillos de los pantalones estuvieran cedidos por llevar botellines de cerveza; no (pues que no me gusta la cerveza). El cambio estaba en los propios lápices: ¡eran más pequeños! (son más pequeños). De ahí que llegara a la conclusión de que: Ikea está en crisis. No hay otra explicación posible.
Tiempo de preparación: 75 minutos
Encendemos el horno y lo calentamos unos 10 minutos a 200 grados centígrados (si usamos un horno en el cual los grados estén marcados como Farenheit… habrá que molestarse en hacer la conversión). Mientras, preparamos el resto de ingredientes.
Una vez caliente (la mezcla, que no estamos en ningún consultorio sexual) y bien mezclada se rocía bien al pollo, por dentro y por fuera, por arriba y por abajo, por babor y por estribor. Se mete dentro del horno 30 minutos, se le da la vuelta y se tiene otros 30 minutos. Sacar y comer (soplando de vez en cuando).
He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la universidad a una edad a la que la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día.
12 semanas, ese es el tiempo que lleva gestándose laRatita en el interior de Begotxu. Sí, laRatita, esa que he descubierto que, de la misma manera que se está haciendo hueco empujando para afuera el ombligo de la que comparte mi cama, se ha hecho otro aquí mismo, en este blog. 
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