Previsiones que no se cumplen
Septiembre es el mes de los buenos propósitos y las intenciones desmesuradas. El sol castigador del verano, el helador aire acondicionado de los hoteles o las paellas en mal estado de los chiringuitos playeros hacen que lleguemos, al final del mes de agosto, con nuestras capacidades mermadas. Y de eso se aprovechan los becarios que se han pasado el verano currando para editoriales y gimnasios; nos ofertan cosas imposibles pero con sabor a melón fresco y color de atardecer en Ibiza y, claro, no nos podemos resistir a caer en la tentación.
De los recién llegados, los más optimistas son capaces de llegar hasta Navidad convencidos de que van a poder mantener, durante todo el curso escolar, las descabelladas responsabilidades adquiridas con uno mismo. A mí me han bastado dos semanas para darme cuenta de que cuando escupo apunto muy alto, pero me suele caer en mi propio ojo. Así, me había planteado 6 días de entrenamiento a la semana pero, hasta ahora, no he sido capaz de hacer más de 4 (en el mejor de los casos); y las dos primeras carreras a las que pretendía ir este septiembre (2 medias) se han quedado para otro mejor momento.
En la próxima entrada escribiré mi plan de entrenamiento; por tener una referencia y para ver si, la próxima vez que escupa, consigo llegar más allá de los dedos del pié.

En el norte de la provincia de Burgos, en la comarca de Las Merindades, hay un bonito valle llamado Valdivielso de 14 pueblos y menos de 500 habitantes.
CARACTERÍSTICAS:
Esta tarde, después de más de 7 años, nos hemos decidido ir a la playa de “
Lo noté cuando me acerqué a llenarme los bolsillos con los lápices que Ikea, gratamente, regala: ¡cabían más! Un concienzudo estudio en casa me permitió encontrar la respuesta a aquella oportuna observación: no era que los bolsillos de los pantalones estuvieran cedidos por llevar botellines de cerveza; no (pues que no me gusta la cerveza). El cambio estaba en los propios lápices: ¡eran más pequeños! (son más pequeños). De ahí que llegara a la conclusión de que: Ikea está en crisis. No hay otra explicación posible.
Tiempo de preparación: 75 minutos
Encendemos el horno y lo calentamos unos 10 minutos a 200 grados centígrados (si usamos un horno en el cual los grados estén marcados como Farenheit… habrá que molestarse en hacer la conversión). Mientras, preparamos el resto de ingredientes.
Una vez caliente (la mezcla, que no estamos en ningún consultorio sexual) y bien mezclada se rocía bien al pollo, por dentro y por fuera, por arriba y por abajo, por babor y por estribor. Se mete dentro del horno 30 minutos, se le da la vuelta y se tiene otros 30 minutos. Sacar y comer (soplando de vez en cuando).
He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la universidad a una edad a la que la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día.
12 semanas, ese es el tiempo que lleva gestándose laRatita en el interior de Begotxu. Sí, laRatita, esa que he descubierto que, de la misma manera que se está haciendo hueco empujando para afuera el ombligo de la que comparte mi cama, se ha hecho otro aquí mismo, en este blog.
A alguien no le ha debido gustar la opinión que esta mañana he plasmado aquí sobre 
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